
Pareciera que "decadencia" surge del latin y refiere al paso de las decadas
Danyel Nigázy
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Nos vamos poniendo simples
Por Carlos Schilling l De nuestra Redacción.
cschilling@lavozdelinterior.com.ar
La misma persona que hace dos décadas cantaba: “Rayos del sol a la hora del sol/ Ella estaba en cualquiera/ En cualquier estación esperando una fatalidad,/ o un llamado del cielo...” ahora canta “Lo importante no es llegar/ lo importante es el camino/ Yo no busco la verdad/ sólo sé que hay un destino”. La visión urbana y apocalíptica de la vida de una chica en Ámbar violeta se ha transformado en una receta de autoayuda en Eso que llevas ahí, el primer corte de difusión del nuevo disco de Fito Páez, Todo cabe en una canción, aún sin fecha de lanzamiento.
Una mutación parecida se manifiesta en las canciones del último disco de Gustavo Cerati, Ahí vamos, si se las compara con las que integraban Signos o Doble vida, de 1986 y 1988 respectivamente. En Corazón delator (título que alude a un cuento de Edgar Allan Poe) cantaba: “Un señuelo/ Hay algo oculto en cada sensación/ Ella parece sospechar/ Parece descubrir/ En mi debilidad/ Los vestigios de una hoguera”. Mientras que en Crimen esa sutil semiótica de los sentimientos se convierte en una queja resignada: “La espera me agotó/ no sé nada de vos/ dejaste tanto en mí/ En llamas me acosté/ y en un lento degradé/ supe que te perdí”. En una entrevista concedida a La Voz del Interior en abril de este año, Cerati reconoció que sus nuevas canciones “son más directas, como todo el sonido del disco. La idea de Ahí vamos era centrarse más, no dispersarse. No metaforizar demasiado. Tampoco quería recurrir al paisaje o las descripciones”.
Los resultados son más o menos similares si se contrastan las letras de Charly García de la década de 1980 o antes y las actuales. Si bien la distancia que media entre Rock and roll yo (2003) y Parte de la religión (1987), por ejemplo, no es tan pronunciada como en los casos de Páez y Cerati, hay toda una serie de recursos que Charly ha dejado de emplear en sus letras. Ya casi no cuenta historias, no le importa demasiado que las rimas sean convencionales, y antes que esa atmósfera de circo enloquecido que se desprendía de canciones como Rap del exilio, Raros peinados nuevos o Filosofía barata y zapatos de goma prefiere mezclar el español con el inglés y hablar en obsesiva primera persona.
El caso de Spinetta es más complejo. Sus letras siempre abundaron en imágenes, metáforas y alusiones a lecturas literarias y filosóficas. Sin embargo, en una reciente conferencia de prensa en Mendoza, el músico reconoció que su último disco, Pan, “está absolutamente comprometido siempre con una idea estética más o menos simple. Es mi pan espiritual. Reunir canciones muy simples, letras –algunas de ellas– muy sencillas que no parecen provenir de mi pluma...”.
¿Por qué cambiaste?
La pregunta que se impone es a qué se debe esta simplificación, voluntaria o involuntaria, en las letras de las canciones de las grandes figuras del rock vernáculo. ¿Es un cambio de actitud o un empobrecimiento del lenguaje? ¿Las referencias culturales del público ahora provienen de la televisión y no de la literatura? ¿Es un efecto del rock chabón que domina la escena desde los ‘90 en la obra de los clásicos nacionales?
Para Sergio Pujol, autor de Rock y dictadura, esos músicos “no están ajenos a lo que podríamos llamar una nueva poética del rock argentino”. “Si bien no es recomendable generalizar, pareciera que la Argentina contemporánea demanda modos más directos de interpelación, y esto afecta también al discurso poético del rock”. En ese mismo sentido, Gustavo Álvarez Núñez, poeta, ex editor de la revista Inrockuptibles, autor de Antología poetas rock, señala: “Vivimos en la época de la ‘literalidad al palo’, en la era de las respuestas rápidas. Hasta las emociones que vivían en las canciones se encuentran sometidas al delivery consumista y previsible de hoy en día. En ese punto, el rock es parte del mundo que nos toca vivir”.
Para Claudio Díaz, autor de Libro de viajes y extravíos: un recorrido por el rock argentino (1965-1985), el fenómeno forma parte de un aplanamiento general. “Me parece que hay un empobrecimiento bastante fuerte en el plano musical como en lo poético. Si pasás de los últimos trabajos de los Redondos de Ricota para adelante, notás ese aplanamiento: las letras son cada vez más tontas, la música es cada vez más tonta”, dice.
De aquí y de allá
No todos los consultados están de acuerdo en los motivos y los alcances de esta simplificación de la lírica del rock nacional. Alfredo Rosso, conductor del programa La casa del rock naciente en la FM Rock&Pop, opina que “el rock es un sentimiento, una forma de vida, una expresión de libertad, y dentro de esa expresión de libertad, hay diferentes caminos y formas de expresión”.
Rosso cree que hay que leer el fenómeno de la complejidad o la simplicidad de la letras en un contexto más amplio y apunta que autores indiscutidos como John Lennon fueron extremadamente cambiantes a lo largo de los años. “ Los Ramones, por ejemplo, que son idolatrados en la Argentina, tienen canciones que dicen cosas como “I wanna be well” (quiero estar bien)”.
Pujol sugiere que desde una perspectiva histórica de 40 años, el rock nacional puede sentirse liberado para “escribir como se le canta”. Según el autor de Rock y dictadura, desde ese ángulo, el rock “ya no necesita legitimarse como forma artística, ya no necesita rendir examen de cultura general, y ahora puede dialogar fluidamente con el tango, la balada y hasta la cumbia”.
En tanto Pablo Plotkin, crítico de la revista Rolling Stone, sostiene: “Cerati siempre fue un tipo de letras más bien básicas, con un uso netamente estético de las palabras, y creo que eso no cambia en el último disco. Spinetta siempre se repartió entre la poesía críptica y la canción rock más directa”.
El cantautor Pablo Dacal (13 grandes éxitos) considera que “son personas bastante particulares que están en el foco de la atención hace muchos años y las canciones para ellos dejaron de ser una cosa comunicativa con un pueblo en particular o con una tribu”. En su opinión, estos músicos empezaron a trabajar más sobre sí mismos. “Spinetta siempre hizo eso, aunque es difícil decirlo porque su interioridad parece infinita. Fito se dedica las canciones a sí mismo. Charly hace como haikus, tiene pequeñas ideas que son geniales y momentos muy raros. Depende de la carrera y de las etapas de cada uno de ellos”.

Autorizado por: DANYEL
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