Es la primera vez que hablo de Futbol en mi blog, la verdad no es un tema del que me guste mucho hablar, a veces lo siento demasiado trillado, otra veces simplemente me da hueva y otras muchas no tengo nada nuevo que decir y como que no me gusta repetir lo que todos dicen, con sus debidas excepciones claro como esta, donde más que una masticada reflexión es un ligero desahogo.
Y para inaugurar esta sección hablaré ni más ni menos que del Kikín, el afamado Kikín Fonseca descepción del Futbol mexicano y seguramente de su familia, iniciado en La Piedad donde no jugaba mucho, fue traspasado a los Pumas donde tuvo más juego y fue ganando más y más experiencia, uno de los bicampeones, Fonseca estaba en la gloria, fue contratado por un club de más categoría como lo es el Cruz Azul su carrera iba en completo ascenso, llegó a la selección y se hizo de un nombre a nivel internacional. Jugó un par de minutos en Alemania, no hizo mucho, reboto dos que tres pelotas en el área chica, quizá haya metido un gol, no recuerdo bien.
Producto de todo esto y de un indudable carisma y excelente imagen causó el interés de diversos clubs europeos, finalmente el Benfica, uno de los mejores clubs de Portugal lo fichó por una cantidad decente de dólares y un contrato nada despreciable. José Francisco había logrado lo que pocos, a sus 26 años era un mexicano jugando en uno de los clubs importantes de la UEFA, qué más podía pedir el Kikín, tenía lo que todo jugador profesional o amateur sueña, Fonseca era un ejemplo de garra, de valor, de esfuerzo, de lucha, era la mexicaneidad a flor de piel.
Sólo le faltaba una cosa al Kikín... ser un buen jugador de fútbol. La realidad es que el apodo de Tronkín no es de en balde, y no es que sea tan malo pero siendo sinceros no vale lo que cuesta. Ese fue el problema que enfrentó en el Benfica, no desquito su precio, pensó que por haber sido contratado y ser extranjero tenía la titularidad garantizada y fue entonces que se encontró de frente con la realidad. Al grado que ni siquiera era convocado para los partidos, Kikin batalló, no lo dudo, no dudo que se haya esforzado por la titularidad, no dudo que haya mejorado su rendimiento y su futbol, incluso el despiadado e inmisericordioso de su entrenador lo notó, de pronto Kikin jugaba más y hasta metió uno que otro gol en partidos oficiales o no. Pero mientras tanto en México el "mercado de piernas" estaba en pleno auge y el nombre de Fonseca se escuchaba para la Cerveza Modelo, la Televisa y el Cemento de Monterrey. Cuando aún esto era vago y no había más que especulaciones, Francisco Guzmán llegó a comentar que para el sería un retroceso regresar al Futbol mexicano. Pero cuando el cuadro felino habló de dinero Kikín sólo pudo decir adios. Y así sin más ni más regresó, fracasado, decaido e insatisfecho, con mucho dinero por supuesto pero un fracaso al fin. Había vendido sus sueños, su juventud y su esfuerzo por un montón de frías y huecas monedas. De nuevo esa mexicaneidad de la que estamos orgullosos se vino abajo como cuando la guerra con Estados Unidos, como cuando el fraude del 88, como cuando el rescate bancario, como cuando E.U. nos sacó de Corea, como cuando linchamos a Hugo Sánchez por su acento español, como cuando Cuauhtemoc se resignó y Palencia también fracasó. Así se cierra un episodio más de un México deshecho de una filosofía subordinada donde la aspiración más grande es una riqueza extravagantemente inculta y una ignorancia refránica (ojos que no ven...)
Pero no todo es miel sobre ojuelas (bueno a mi no me gusta), podemos ver a Carlos Salcido convertido en uno de los mejores centrales del mundo (mucho mejor que Rafaél Márquez que fue devorado por la mercadotecnia), un Pavel Pardo que aprovecha a full sus ultimos años como futbolista y un Osorio que tiene con que y pelea por adaptarse. Es la diferencia que existe entre dinero y éxito.
Tan solo recordemos al "Gringo" Castro que después de verse como todo un crack marcando a Sorín en Alemania, desprecia una oferta de Europa por un jugoso bisteck que le ofreció el América, ahora el partido contra Argentina es un mito y su futuro una mediocridad.
Lo mismo podemos ver en los ojos de Kikín, con una mirada de inseguridad y arrepentimiento.

Y para inaugurar esta sección hablaré ni más ni menos que del Kikín, el afamado Kikín Fonseca descepción del Futbol mexicano y seguramente de su familia, iniciado en La Piedad donde no jugaba mucho, fue traspasado a los Pumas donde tuvo más juego y fue ganando más y más experiencia, uno de los bicampeones, Fonseca estaba en la gloria, fue contratado por un club de más categoría como lo es el Cruz Azul su carrera iba en completo ascenso, llegó a la selección y se hizo de un nombre a nivel internacional. Jugó un par de minutos en Alemania, no hizo mucho, reboto dos que tres pelotas en el área chica, quizá haya metido un gol, no recuerdo bien.
Producto de todo esto y de un indudable carisma y excelente imagen causó el interés de diversos clubs europeos, finalmente el Benfica, uno de los mejores clubs de Portugal lo fichó por una cantidad decente de dólares y un contrato nada despreciable. José Francisco había logrado lo que pocos, a sus 26 años era un mexicano jugando en uno de los clubs importantes de la UEFA, qué más podía pedir el Kikín, tenía lo que todo jugador profesional o amateur sueña, Fonseca era un ejemplo de garra, de valor, de esfuerzo, de lucha, era la mexicaneidad a flor de piel.
Sólo le faltaba una cosa al Kikín... ser un buen jugador de fútbol. La realidad es que el apodo de Tronkín no es de en balde, y no es que sea tan malo pero siendo sinceros no vale lo que cuesta. Ese fue el problema que enfrentó en el Benfica, no desquito su precio, pensó que por haber sido contratado y ser extranjero tenía la titularidad garantizada y fue entonces que se encontró de frente con la realidad. Al grado que ni siquiera era convocado para los partidos, Kikin batalló, no lo dudo, no dudo que se haya esforzado por la titularidad, no dudo que haya mejorado su rendimiento y su futbol, incluso el despiadado e inmisericordioso de su entrenador lo notó, de pronto Kikin jugaba más y hasta metió uno que otro gol en partidos oficiales o no. Pero mientras tanto en México el "mercado de piernas" estaba en pleno auge y el nombre de Fonseca se escuchaba para la Cerveza Modelo, la Televisa y el Cemento de Monterrey. Cuando aún esto era vago y no había más que especulaciones, Francisco Guzmán llegó a comentar que para el sería un retroceso regresar al Futbol mexicano. Pero cuando el cuadro felino habló de dinero Kikín sólo pudo decir adios. Y así sin más ni más regresó, fracasado, decaido e insatisfecho, con mucho dinero por supuesto pero un fracaso al fin. Había vendido sus sueños, su juventud y su esfuerzo por un montón de frías y huecas monedas. De nuevo esa mexicaneidad de la que estamos orgullosos se vino abajo como cuando la guerra con Estados Unidos, como cuando el fraude del 88, como cuando el rescate bancario, como cuando E.U. nos sacó de Corea, como cuando linchamos a Hugo Sánchez por su acento español, como cuando Cuauhtemoc se resignó y Palencia también fracasó. Así se cierra un episodio más de un México deshecho de una filosofía subordinada donde la aspiración más grande es una riqueza extravagantemente inculta y una ignorancia refránica (ojos que no ven...)
Pero no todo es miel sobre ojuelas (bueno a mi no me gusta), podemos ver a Carlos Salcido convertido en uno de los mejores centrales del mundo (mucho mejor que Rafaél Márquez que fue devorado por la mercadotecnia), un Pavel Pardo que aprovecha a full sus ultimos años como futbolista y un Osorio que tiene con que y pelea por adaptarse. Es la diferencia que existe entre dinero y éxito.
Tan solo recordemos al "Gringo" Castro que después de verse como todo un crack marcando a Sorín en Alemania, desprecia una oferta de Europa por un jugoso bisteck que le ofreció el América, ahora el partido contra Argentina es un mito y su futuro una mediocridad.
Lo mismo podemos ver en los ojos de Kikín, con una mirada de inseguridad y arrepentimiento.

Etiquetas: dinero, exito, fracaso, futbol, kikin, lucha, mexicaneidad
